La gestión de Víctor Rodríguez Padilla al frente de Pemex durante diecinueve meses se caracterizó por ser la de un personaje íntegro que enfrentó limitaciones estructurales para ejercer el control efectivo de la empresa. Aunque contó inicialmente con el respaldo de la presidenta Sheinbaum, su nombramiento se produjo en contra de las preferencias del entonces presidente López Obrador, quien buscaba mantener a Octavio Romero Oropeza en el cargo tras su gestión entre 2018 y 2024. El apoyo presidencial resultó insuficiente para consolidar su posición. Las decisiones estratégicas de Pemex se concentraban en la Secretaría de Energía bajo Luz Elena González Escobar y en la Secretaría de Hacienda con Édgar Amador Zamora, limitando severamente el poder real del director general. Rodríguez Padilla enfrentó un entramado complejo donde el sindicato, especialistas técnicos, proveedores y estructuras burocráticas defendían sus intereses particulares. El incidente del derrame en el ducto de Cantarell en Campeche durante febrero evidenció esta debilidad institucional. Subordinados ocultaron información durante semanas, retrasando intervenciones hasta Semana Santa, amplificando daños e impactando la autoridad del director. En materia de resultados, los últimos reportes trimestrales muestran pérdidas diarias de 500 millones de pesos. La producción se mantiene alrededor de 1.6 millones de barriles diarios sin incrementos significativos. La refinación registra un aumento de 22.5 por ciento, superando ligeramente 1.1 millones de barriles, impulsada por la refinería Dos Bocas que ha experimentado múltiples incidentes operacionales. La deuda corporativa alcanza 79,037 millones de dólares, su nivel más bajo en más de un sexenio, gracias a apoyos del Ministerio de Hacienda. El pasivo con proveedores ronda los 20,000 millones de dólares aunque ha dejado de crecer. Su legado incluye haber abierto el debate nacional sobre la viabilidad del fracking como alternativa energética.
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