El crecimiento económico sostenido es fundamental para mejorar el nivel de vida de la población, requiriendo que el producto interno bruto crezca a una tasa superior al aumento demográfico y del empleo, lo que refleja mayor productividad laboral y eficiencia en la asignación de recursos. Aunque se espera un aumento continuo del PIB trimestre a trimestre, existen circunstancias que justifican caídas temporales, como choques externos negativos (derrumbe del precio del petróleo en 1986, crisis financiera de 2009, pandemia de 2020) ante los cuales la economía debería recuperarse una vez absorbidos los efectos adversos. Del mismo modo, contracciones económicas pueden surgir cuando gobiernos implementan políticas de ajuste fiscal y monetario tras períodos de gasto insostenible y endeudamiento excesivo, como ocurrió entre 1983 y 1988 siguiendo a los desequilibrios de 1970 a 1982, situación que podría replicarse próximamente dada la acumulación de deuda desde 2023, especialmente en 2024 y 2025. Sin embargo, existe una tercera categoría de contracción que ocurre cuando el marco institucional desalienta la inversión privada, generando crecimiento promedio nulo del PIB agregado mientras se registran disminuciones del ingreso por habitante y por trabajador. Precisamente este último escenario es el que ha caracterizado a la economía mexicana durante los seis trimestres transcurridos del presente gobierno. Los datos del PIB trimestral medidos en miles de millones de pesos constantes a precios de 2018, con ajuste estacional correspondiente, muestran la evolución desde el cuarto trimestre de 2024, primer período de la administración actual, hasta el primer trimestre de este año.
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