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Mercado laboral mexicano enfrenta obstáculos estructurales que requieren soluciones integrales

Los datos de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo presentados esta semana revelan una realidad compleja en el panorama del empleo formal en México. Aunque es posible revertir la crisis laboral, los expertos advierten que esto requiere cambios profundos en las políticas actuales y no ocurrirá en el corto plazo. La brecha es estrecha. Las tensiones arancelarias impuestas por la administración Trump afectan de manera desigual a los sectores exportadores. Mientras que las exportaciones automotrices a Estados Unidos crecieron solamente 5.8% en abril de 2026, otros segmentos manufactureros experimentaron avances superiores al 47%. La verdadera preocupación radica en que el sector automotriz, generador principal de empleos de calidad, es precisamente el que enfrenta mayores presiones arancelarias. Internamente, el país lidia con el déficit fiscal, la inseguridad pública y los altos niveles de informalidad, factores que desaniman tanto la inversión como la formalización laboral. Un aspecto crítico que las políticas de empleo no consideran adecuadamente es el impacto de la automatización. México posee más de 25 mil robots industriales en operación y lidera la instalación de estas máquinas en América Latina. El sector automotriz concentra el 90% de estos equipos, particularmente en tareas de ensamblaje y control de calidad. Se estima que el 64.5% del empleo manufacturero podría ser desplazado en los próximos años. La inteligencia artificial potencia este riesgo: el software industrial basado en IA crecerá 22.6% anualmente hasta 2033. Las corporaciones logran aumentar su productividad con menos personal. Las soluciones disponibles son limitadas. El gobierno podría implementar de forma inmediata una estrategia de reducción de costos para la formalización de micronegocios mediante cuotas graduales al IMSS según volumen y tiempo de operación, simplificación de trámites y estabilidad fiscal. Aunque no genera empleo nuevo instantáneamente, mejora la calidad laboral e incrementa la recaudación. Una segunda línea de acción es fortalecer la infraestructura productiva. La presidenta Claudia Sheinbaum ha promovido iniciativas de carreteras, sistemas ferroviarios y puentes que generan ocupación temporal en construcción. El efecto multiplicador en el empleo manufacturero formalizado depende de infraestructura específica: suministro de agua industrial, capacidad eléctrica estable y conectividad logística hacia corredores de nearshoring. Sin asociaciones público-privadas bien estructuradas, la inversión permanece insuficiente. Para las empresas privadas, la estrategia central implica optimizar cadenas de suministro. Si los grandes clientes exigen cumplimiento laboral formal a sus proveedores como requisito contractual, el impacto podría ser significativo. Los trabajadores formalizados con cobertura social gastan más que los informales, generando demanda que beneficia a todos los sectores. Debe evitarse aumentar la carga tributaria a pequeñas empresas formales, pues amplía la ventaja de la informalidad. Tampoco conviene elevar salarios mínimos sin compensaciones, aceleraría la informalización. No existe política que transforme el mercado laboral en dos o tres años. La prioridad debe ser contener el deterioro y generar condiciones para que la inversión revitalice sectores dinámicos.

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