En las entrañas del sistema de salud pública mexicana existe una problemática que afecta a decenas de millones de ciudadanos sin hacer ruido: la ausencia de fármacos en hospitales y clínicas. Testimonios como el de una madre en Michoacán que debió recorrer casi dos horas para obtener un antibiótico básico, pagando el equivalente a más de la mitad de sus ingresos semanales, revelan la magnitud de esta emergencia. Durante los años 2019 a 2023, se contabilizaron más de 60 mil denuncias respecto a la falta de medicamentos en instituciones de salud, según datos del Instituto Mexicano para la Competitividad. El Coneval señala que aproximadamente 15 millones de mexicanos enfrentaron obstáculos para acceder a medicamentos gratuitos en el período reciente. En varias entidades federativas, la disponibilidad de medicamentos clave ha descendido por debajo del 70%, cuando los estándares internacionales de la Organización Mundial de la Salud sugieren mantener cifras superiores al 90 por ciento. La dimensión económica del problema es alarmante. Los mexicanos destinan cerca del 40 por ciento de su gasto total en salud a la compra de medicamentos de forma privada, porcentaje considerado de los más altos en naciones miembros de la OCDE. Cuando las instituciones públicas no pueden proveer estos insumos, las familias cargan con el peso financiero, generando endeudamiento o el sacrificio de necesidades esenciales. Un sistema sanitario robusto trasciende lo asistencial; constituye un motor del progreso socioeconómico. La imposibilidad de acceder a tratamientos farmacológicos deteriora la salud individual, reduce la capacidad productiva de la población y agrava los cargos que pesan sobre los cuidadores familiares. Además, enfermedades prevenibles o controlables evolucionan hacia cuadros graves que demandan hospitalizaciones costosas. La percepción ciudadana respecto a la capacidad estatal se erosiona cuando se constata que instituciones públicas no garantizan accesos básicos, profundizando fracturas sociales: quienes poseen recursos económicos resuelven sus necesidades farmacológicas; quienes carecen de ellos permanecen sin tratamiento. Superar este desafío exige un abordaje multifacético que integre mejoras operacionales, dinámicas competitivas y herramientas tecnológicas avanzadas. Resulta prioritario revisar marcos normativos sobre patentes e innovación intelectual que faciliten el acceso a medicamentos genéricos y biosimilares, agilizar trámites de regulación y evitar prolongaciones artificiales de derechos exclusivos.
- direccion@rumorveraz.com
- Lun - Dom: 8:00 - 20:00