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Los gastos invisibles de la prevención: cómo los huracanes generan pérdidas económicas antes de llegar

La preparación ante fenómenos naturales extremos comienza mucho antes del impacto directo. El caso del huracán Polo, que alcanzó categoría 5 el 22 de septiembre para descender a categoría 4 al día siguiente, evidencia cómo los sistemas de protección civil movilizan recursos y suspenden operaciones incluso cuando el centro del ciclón no toca territorio. La Coordinación Nacional de Protección Civil advirtió sobre lluvias intensas, vientos fuertes y oleaje elevado en el occidente y sur del país, lo que desencadenó una cascada de medidas preventivas desde días antes. Desde el 20 de septiembre, cuando el sistema aún era una depresión tropical, comenzaron los preparativos. La CNPC desplegó equipos de enlace y coordinación, reforzó comunicaciones con autoridades locales y monitoreó zonas de riesgo. Conforme evolucionó a tormenta tropical y posteriormente a huracán mayor, las acciones se intensificaron. La Secretaría de Marina manttuvo activo su Plan Marina en fase de prevención, mientras diversas dependencias movilizaban personal y equipamiento. El IMSS, por su parte, desplegó especialistas en puertos como Lázaro Cárdenas y Manzanillo, monitoreó 748 inmuebles médicos, activó su Centro Virtual de Operaciones y preparó generadores, sistemas de potabilización, motobombas y equipos de comunicación satelital. Esta movilización de recursos representa un dilema económico fundamental: retrasar las medidas hasta tener certeza del impacto puede ser fatal, pero actuar en prevención implica costos inmediatos sin garantía de que el peor escenario se concrete. El costo de un huracán, en realidad, comienza en el pronóstico.

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