El gobierno ha anunciado que en septiembre se dará a conocer el fallo de la licitación internacional de medicamentos y dispositivos médicos, con la expectativa de estabilizar el abasto en el sistema de salud público hacia 2027. Sin embargo, expertos advierten sobre obstáculos significativos en la implementación del programa. Según las autoridades, la licitación contó con buena participación de la industria, aunque quedaron pocas claves desiertas. No obstante, muchas empresas consideran que esta estrategia no cumple con las características de una compra consolidada integral que resolvería efectivamente el desabasto que persiste desde 2019. Los analistas señalan que los plazos resultan insuficientes para lograr que los medicamentos y dispositivos lleguen a los hospitales del sector público en enero, considerando que la producción y distribución requieren aproximadamente seis meses. En dispositivos médicos se presentan desafíos adicionales, pues se licitan claves donde existe fabricación nacional que no fueron incluidas en la primera ronda de licitación bajo tratados internacionales. Estas inconsistencias generan incertidumbre sobre si se evitarán nuevos episodios de desabasto y caducidad de medicamentos en bodegas. El sistema de salud, bajo la dirección de Zoé Robledo en el IMSS y Martí Batres en el ISSSTE, enfrenta críticas por no constituir una compra consolidada que integre completamente distribución y cronogramas realistas. El desabasto actual de medicamentos se suma al existente en centros de salud, provocando aplazamientos de tratamientos, cirugías y consultas médicas, mientras que personal especializado abandona el sector por las condiciones laborales. Estos elementos plantean interrogantes sobre los beneficios reales que el programa de salud aportará en 2027.
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