Aunque desde el gobierno se promociona que el consumo privado refleja el éxito de la economía mexicana gracias al incremento salarial y fortalecimiento del ingreso familiar, la realidad en los bolsillos de los mexicanos cuenta una historia muy distinta. De acuerdo con la Encuesta Nacional de Gasto recientemente publicada por el Inegi, la mayoría de los hogares enfrenta un periodo de gasto defensivo con considerable vulnerabilidad financiera. Mientras que los datos oficiales destacan que el gasto corriente monetario alcanzó 19,310 pesos mensuales, cifra récord nominal, la verdadera situación revela que este dinero no se destina a la acumulación de patrimonio ni a consumo que impulse la inversión productiva. Por el contrario, el gasto familiar está confinado a la subsistencia básica y a compensar las carencias en servicios públicos. Más de la mitad del gasto corriente monetario, específicamente 54.9 centavos de cada peso, se concentra únicamente en alimentación y transporte. Los alimentos, bebidas y tabaco representan 34.9 por ciento del egreso, proporción que aumenta a 40.3 por ciento en áreas rurales, mientras que transporte y comunicaciones consumen 20 por ciento. Ante el abandono estatal, las familias han aumentado significativamente sus gastos en salud durante el periodo de medición, incrementando 15.2 por ciento en servicios médicos, 4.8 por ciento en medicinas y 10.8 por ciento en hospitalización. Este comportamiento constituye un impuesto privado invisible que sustituye la saturación e ineficacia del sistema estatal de salud. Considerando pagos de servicios financieros, amortización de créditos y ahorros, el gasto total promedio del hogar asciende a 24,801 pesos mensuales. De este monto, solo 4,107 pesos se destinan al ahorro, capital y liquidación de deudas. El resultado es un patrón de gasto defensivo con margen mínimo para consumo discrecional, donde el financiamiento se utiliza como mecanismo compensatorio para completar gastos diarios en lugar de invertir en bienes duraderos o patrimonio. Esta estructura estrecha del gasto familiar representa el contexto donde la política monetaria restrictiva del Banco de México intenta generar impacto en la inflación subyacente, pero con capacidad limitada ante la rigidez del consumo obligatorio de los hogares.
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