El sector agroalimentario mexicano enfrenta múltiples desafíos que fueron analizados en un foro organizado por El Economista y el Consejo Nacional Agropecuario, en el que participaron destacados representantes del gobierno y la iniciativa privada. La violencia y la inseguridad emergieron como la preocupación más crítica del campo, de acuerdo con Jorge Esteve, presidente del Consejo Nacional Agropecuario, y Juan Carlos Anaya, director general del Grupo Consultor de Mercados Agrícolas. Este problema genera un incremento de 12 a 15 por ciento en los costos de la cadena de producción de alimentos en México y se identifica como uno de los cinco factores que explican el aumento de cartera vencida entre productores, según Alan Elizondo, director general de FIRA. Los sobrecostos por violencia afectan todas las etapas productivas, desde la siembra hasta la comercialización, incluida la distribución de agua. La extorsión está presente en casi todo el territorio nacional, excepto probablemente en Yucatán y Coahuila. Más allá de la inseguridad, otros problemas preocupan al sector: la gestión del agua, la sanidad fitosanitaria, el financiamiento, el cambio climático y cuestiones demográficas. La edad promedio de los productores ronda los 60 años, evidenciando un envejecimiento crítico en el campo mexicano, tendencia que se replica globalmente pero de manera más grave en países como Corea del Sur y Japón. La falta de acceso al crédito agrava la situación: menos del 10 por ciento de las unidades productivas obtienen financiamiento y apenas el 2 por ciento posee seguros agrícolas, según Elizondo. Sin protección asegurada, los productores no logran obtener créditos para modernizarse. Estas cifras resultan inferiores incluso a las de Guatemala y significativamente menores a las de potencias agrícolas como Estados Unidos y Brasil. El presidente del Consejo Nacional Agropecuario destaca que producir en el campo implica lidiar con riesgos únicos: una unidad agrícola funciona como una fábrica expuesta al aire libre, vulnerable a granizos, tormentas intensas o sequías prolongadas. Por otra parte, Juan Carlos Anaya alerta sobre un retroceso en la inocuidad fitosanitaria, atribuyendo esta situación a la disminución del presupuesto del Servicio Nacional de Sanidad, Inocuidad y Calidad Agroalimentaria.
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