Henri Kagan y Kenso Soai recibieron el Premio Nobel de Química 2026 el pasado 7 de octubre por sus investigaciones pioneras sobre un fenómeno que ha desconcertado a la comunidad científica durante décadas. Sus trabajos permitieron comprender cómo determinadas moléculas, que pueden presentarse en dos configuraciones especulares distintas, logran favorecer una forma sobre la otra durante ciertas reacciones. El concepto de quiralidad describe la capacidad de algunas moléculas para existir en dos versiones que funcionan como imágenes especulares entre sí, similar a cómo la mano derecha e izquierda tienen la misma estructura pero no pueden superponerse perfectamente. Estas dos formas se denominan enantiómeros y poseen idéntica composición atómica, pero su disposición espacial difiere completamente. A pesar de su similitud aparente, esta diferencia estructural influye decisivamente en cómo las moléculas interactúan con otras sustancias. Durante reacciones químicas comunes, la expectativa teórica era obtener cantidades equivalentes de ambas versiones. Sin embargo, los científicos enfrentaban una pregunta fundamental: cómo ciertos procesos químicos conseguían romper ese equilibrio natural. La problemática se amplificaba al estudiar organismos vivos, donde se observa una preferencia clara por una única configuración de moléculas específicas, fenómeno denominado homoquiralidad. En 1953, Frederick Charles Frank propuso que una ventaja inicial pequeña podría amplificarse si las moléculas de un tipo facilitaban su propia replicación mientras impedían la formación de su contraparte. Kagan demostró en 1986 que pequeñas diferencias entre ambas formas podían magnificarse considerablemente, mientras que Soai posterior comprobó cómo ese proceso podía intensificarse hasta que prácticamente una sola forma dominara la reacción completa.
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