En el corazón del centro histórico de la Ciudad de México, específicamente bajo el sótano del Hotel Catedral ubicado en República de Guatemala 16, se encuentra una ventana arqueológica de incalculable valor que ha permitido conocer aspectos fundamentales de la vida ritual en Tenochtitlan. Desde 2009, el Instituto Nacional de Antropología e Historia ha llevado a cabo excavaciones en este sitio, dirigidas por Raúl Barrera Rodríguez e investigado por Lorena Vázquez Vallin del Programa de Arqueología Urbana. Los trabajos han sacado a la luz estructuras que permanecían ocultas durante siglos, incluido un templo dedicado a Ehécatl, deidad del viento, y los restos del principal juego de pelota de la capital mexica. El templo de Ehécatl consistía en una plataforma rectangular de aproximadamente 34 metros de largo que sostenía una estructura circular de cuatro niveles, coronada por un techo cónico de paja que evocaba el crótalo de una serpiente enroscada. Esta construcción, alineada geográficamente con el adoratorio de Tláloc, data del Posclásico Tardío entre 1200 y 1521 d.C. y estaba orientada hacia el oriente, siguiendo patrones cosmológicos mesoamericanos. El juego de pelota descubierto constituye el teotlachco principal de Tenochtitlan, escenario donde gobernantes como Axayácatl y Moctezuma II competían contra los tlatoanis de Texcoco y Xochimilco. Estos hallazgos se suman a descubrimientos anteriores realizados en la zona desde 1978, cuando emergió el monolito de Coyolxauhqui, iniciando así uno de los proyectos arqueológicos más significativos del siglo XX bajo la dirección de Eduardo Matos Moctezuma. El recinto sagrado continúa revelando la complejidad de la cosmovisión mexica a través de estructuras vinculadas con la educación de la nobleza y prácticas rituales fundamentales para entender esta civilización prehispánica.
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