Las decisiones contrapuestas adoptadas por los bancos centrales de Estados Unidos y México en septiembre han generado una reducción en los diferenciales de tasas de interés, lo que contribuye a la depreciación de la moneda nacional. La Reserva Federal aumentó su tasa de fondos federales a un rango de 3.75-4 por ciento el 16 de septiembre, mientras que el Banco de México mantuvo su tasa de referencia sin cambios en 6.50 por ciento una semana después. Esta brecha refleja posturas monetarias distintas: la Fed mantiene tasas reales de entre 1.45 y 1.70 por ciento, por encima de su rango neutral de 0.8-1.4 por ciento, mientras que Banxico ubica su tasa real en 3.3 por ciento, dentro de su rango neutral estimado en 2.7 más o menos 0.9 por ciento. Los datos de inflación también divergen. En Estados Unidos, el PCE de agosto fue de 3.4 por ciento con componente subyacente de 3 por ciento, más favorable que lo esperado. En México, la inflación general de la primera quincena de septiembre alcanzó 3.42 por ciento y el componente subyacente llegó a 3.79 por ciento. Previo a la decisión de la Fed, el diferencial nominal de tasas de referencia era de 2.75-3 por ciento, reduciéndose a 2.50-2.75 por ciento una semana después. El diferencial real ex-ante pasó de 1.75-2 por ciento a 1.60-1.85 por ciento en igual período. En títulos de largo plazo, el diferencial nominal de tasas a diez años disminuyó de aproximadamente 4.54 por ciento a 4.3 por ciento. Esta reducción de los diferenciales de tasas, tanto nominales como reales, se asocia parcialmente con la depreciación del peso mexicano. Banxico enfatizó en su comunicado que la política monetaria no debe reaccionar mecánicamente ante los ajustes previstos en la tasa de fondos federales estadounidense.
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