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Estados Unidos busca descentralizar la producción de ingredientes farmacéuticos; América Latina tiene una oportunidad

La fabricación de principios activos y precursores para medicamentos se concentra en pocas naciones, principalmente China, lo que representa un riesgo significativo para la seguridad sanitaria mundial. La mayor parte de los fármacos consumidos globalmente contienen componentes producidos en geografías distintas a donde se venden, creando una cadena de suministro vulnerable. India se ha posicionado como productor importante de medicamentos terminados, pero gran porcentaje de su oferta aún depende de insumos de origen chino que son reexportados, dificultando la trazabilidad real. Frente a esta situación, la agencia reguladora estadounidense FDA presentó en julio un proyecto de norma destinado a aumentar la transparencia. La propuesta incluye dos componentes principales: permitir que redes de manufactura distribuida con un centro de control de calidad se registren como un único establecimiento, y exigir que todas las fábricas extranjeras que elaboren fármacos o principios activos destinados al mercado estadounidense se registren y declaren sus operaciones, incluso si venden sus productos a otras plantas en terceros países. Este registro funcionaría como herramienta para que la FDA determine qué instalaciones inspeccionar. Sin embargo, existe un riesgo comercial potencial: si el fabricante de principios activos no aparece registrado, el medicamento final podría clasificarse como mal etiquetado y detenerse en frontera, generando posibles desabastecimientos. Según análisis de consultores que presentaron comentarios ante la agencia, la regulación avanza en la dirección correcta al visibilizar proveedores que podían mantenerse en la sombra, pero solo identifica a quienes ya abastecen la cadena estadounidense. El verdadero cuello de botella se encuentra aún más atrás en la cadena: en los precursores que funcionan como materia prima esencial, donde múltiples plantas de ingredientes activos en diferentes países pueden depender de un único proveedor chino. Este vacío representa una oportunidad estratégica para América Latina y específicamente para México, que podría convertirse en proveedor confiable, cercano geográficamente y bajo marcos regulatorios compartidos si Washington busca reducir concentración y diversificar fuentes de abastecimiento.

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