Frente a los recortes presupuestarios y las restricciones a la libertad académica en Estados Unidos, Canadá ha desplegado una estrategia agresiva para captar talentos científicos internacionales. La epidemióloga Sheryl Magzamen, quien trabajaba en la Universidad de Colorado, es uno de los 48 investigadores que ha decidido reubicarse en territorio canadiense, en su caso en la Universidad de Montreal, llevando consigo a su familia. El gobierno canadiense, bajo el liderazgo de la ministra de Industria Mélanie Joly, ha respaldado esta iniciativa con una inversión de 1.700 millones de dólares canadienses, equivalentes a aproximadamente 1.230 millones de dólares estadounidenses, distribuidos a lo largo de doce años. Joly enfatizó que mientras algunos países reducen su compromiso con la investigación, Canadá apuesta por fortalecer la ciencia y defender la autonomía académica. Magzamen explica que su decisión fue motivada por la pérdida de múltiples financiamientos para sus investigaciones sobre salud y cambio climático tras el retorno de Donald Trump a la presidencia estadounidense en enero de 2025. Phillip Zamore, profesor de biología molecular de la Universidad de Massachusetts que se trasladará a la Universidad McGill en abril de 2027, comparte una perspectiva similar, describiéndose como víctima de un ambiente científico hostil en su país de origen. Este investigador recibirá un presupuesto superior a un millón de dólares estadounidenses. Sophie D’Amours, rectora de la Universidad Laval en Quebec, subraya que el control estatal sobre la ciencia en Estados Unidos se ha intensificado, promoviendo que las universidades canadienses garanticen autonomía académica completa a los investigadores que cuestionan su futuro profesional. La competencia por estos talentos no se limita a Canadá; Francia, Gran Bretaña y la Unión Europea han lanzado programas similares, con la UE comprometiendo aproximadamente 500 millones de dólares para este propósito.
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