69a88dcb7de45

Planificación deficiente expone debilidades del sistema educativo mexicano

La reciente controversia sobre el calendario escolar reveló una profunda falta de planificación en las políticas educativas del país. Luego de días de incertidumbre, las autoridades confirmaron que el calendario se mantendría sin modificaciones, argumentando que los cambios afectarían la movilidad durante el Mundial y considerando el impacto de las altas temperaturas. Sin embargo, estos factores no representaban sorpresas: México conocía desde 2018 su condición de sede mundialista, brindando ocho años para prepararse. De igual forma, las olas de calor constituyen un fenómeno documentado desde inicios de los 2000, con una tendencia clara de incremento en el norte y centro del país. Esta marcha atrás evidenció la improvisación administrativa y generó preocupación en un sistema que ya carga con rezagos de aprendizaje, infraestructura insuficiente y desempeño académico limitado. Mientras tanto, persiste una conversación pendiente sobre cómo preparar adecuadamente a estudiantes para un mercado laboral competitivo y dinámico. Una educación sólida desde primaria constituye la base para construir oportunidades futuras y potenciar la productividad nacional. Las recientes declaraciones del Secretario de Educación Mario Delgado plantearon que después de calificar existe un mes administrativo, y que mantener escuelas abiertas sin propósito pedagógico representaría una estancia obligatoria que afecta la dignidad docente. Su observación tiene validez respecto a que el tiempo escolar debe ser significativo. No obstante, el debate central debería enfocarse en garantizar aprendizaje de calidad y mejores condiciones para la enseñanza, no simplemente en contar días lectivos. El análisis comparativo que presentó entre México, Francia y Bélgica sobre días efectivos de clase, dejó pasar una oportunidad crucial: comparar desempeño académico real. México alcanzó 407 puntos en PISA, quedando 71 puntos por debajo de Francia y 79 de Bélgica. Asimismo, dos tercios de los adolescentes mexicanos de 15 años no pueden resolver problemas matemáticos elementales, como conversiones monetarias o cálculo de distancias entre rutas, cifra que contrasta con el 31 por ciento en países de la OCDE. Estas capacidades fundamentales resultan esenciales para participar en un entorno laboral que demanda pensamiento analítico, capacidad resolutiva y dominio tecnológico. Lo ideal habría sido que el país llegara preparado con ajustes logísticos, de transporte y operacionales en las ciudades sede, mientras avanzaba continuamente en mejorar la infraestructura escolar con sistemas de climatización adecuados.

Comparte este post