Kenneth Rogoff, reconocido académico de la Universidad de Harvard, ha vuelto a posicionarse en el centro del debate sobre la estabilidad macroeconómica de Estados Unidos. Su reciente publicación en Foreign Affairs en Español (volumen 104, número 5, abril/junio de 2026) aborda un tema de importancia crítica para la economía mundial: los crecientes riesgos de una crisis fiscal y de deuda en la principal economía global. Si bien el título del artículo puede parecer alarmista, Rogoff no afirma que una crisis sea inevitable o inminente, sino que advierte sobre la acumulación de factores de riesgo que merecen seria atención. El académico identifica cuatro elementos fundamentales que podrían conducir a una crisis de esta magnitud. En primer lugar, la deuda estadounidense ha alcanzado niveles sin precedentes, superando el 120 por ciento del producto interno bruto según estimaciones recientes. Durante años, este problema pasó relativamente desapercibido debido a las bajas tasas de interés, pero ahora que estas han aumentado significativamente, el costo de financiar la deuda crece aceleradamente, limitando la capacidad fiscal del gobierno. En segundo término, Rogoff advierte que la inflación actual, que se ha venido gestando desde años atrás, presenta el riesgo de un incumplimiento implícito donde el país no rechace formalmente sus obligaciones, pero las erosione mediante presiones inflacionarias. Un tercer factor se refiere a la posible pérdida de confianza internacional en la economía estadounidense, lo que podría obligar a inversores a exigir tasas de interés más altas o buscar alternativas al dólar, generando un círculo vicioso. Finalmente, Rogoff señala que la inestabilidad institucional y las políticas económicas erráticas en materia comercial y fiscal han aumentado la incertidumbre global. En contraste, otros economistas ofrecen perspectivas distintas. Paul Krugman argumenta que la deuda es manejable siempre que la economía continúe creciendo y se preserve la credibilidad, considerando el alarmismo de Rogoff como exagerado. Larry Summers reconoce los riesgos fiscales pero descarta un colapso inmediato, sugiriendo que el peligro mayor proviene de déficits crónicos combinados con políticas inadecuadas que generarían una crisis lenta y gradual. Daron Acemoglu, por su parte, destaca que el debilitamiento institucional en aspectos como la democracia, el estado de derecho y la capacidad innovadora podría precipitar el colapso más rápidamente que una crisis puramente fiscal. Ante este pluralismo de opiniones especializadas, la advertencia de Rogoff merece consideración seria. Aunque no predice un desplome repentino, identifica un proceso de deterioro fiscal y financiero cada vez más probable si las tendencias actuales persisten.
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