A pesar de que las mujeres constituyen más de la mitad de los estudiantes de educación superior en México, su incorporación a disciplinas científicas, tecnológicas, ingenieriles y matemáticas permanece muy por debajo de la media nacional. Según el informe Panorama de la educación STEM en México, desarrollado por la Universidad del Valle de México en conjunto con organismos gubernamentales y el Movimiento STEM, apenas el 38 por ciento de los estudiantes en estas áreas son mujeres. Esta cifra desciende drásticamente en campos especializados: apenas el 22.6 por ciento en programación y una cifra alarmante del 12.9 por ciento en empleos del sector STEM. Esta situación representa un obstáculo económico significativo para la nación. Las carreras STEM ofrecen las mayores oportunidades de ingresos y productividad en el mercado laboral. No obstante, datos del estudio revelan que solamente dos de cada diez mujeres optan por estas profesiones con elevado potencial económico, mientras que aproximadamente el 65 por ciento se concentra en disciplinas que históricamente han generado menor remuneración. Las consecuencias son directas: México desperdicia una porción importante de su capital humano en un momento histórico crítico. Reducir la presencia femenina en estos sectores disminuye la disponibilidad de profesionales calificados, incrementa los costos de reclutamiento y limita el desarrollo tecnológico y económico del país. Entre los obstáculos identificados se encuentran prejuicios culturales que asocian ciertas carreras con géneros específicos, la percepción de dificultad exagerada en ciertas disciplinas, la carencia de orientación educativa temprana, la falta de incentivo institucional y familiar, y ambientes laborales que no favorecen la inclusión. Sin embargo, académicos señalan un aspecto frecuentemente pasado por alto pero fundamental: la responsabilidad desigual en labores de cuidado y domésticas. La Encuesta Nacional sobre Uso del Tiempo 2024 documenta que las mujeres realizan el 64.8 por ciento del trabajo doméstico y de cuidados sin remuneración. Esta sobrecarga impacta directamente en las decisiones educativas y trayectorias profesionales de las mujeres. Los datos de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo muestran que aproximadamente 36 millones de hombres participan en el mercado laboral frente a cerca de 25 millones de mujeres, diferencia atribuida mayormente a responsabilidades de cuidado familiar. En sectores STEM, que exigen especialización profunda, dedicación sostenida y disponibilidad continua, esta distribución inequitativa provoca menor participación y retención del talento femenino. Los expertos afirman que resolver esta brecha requiere un enfoque multifacético que incluya fortalecimiento de la orientación vocacional desde la infancia, renovación de los espacios educativos y medidas que transformen la estructura social de cuidados en el país.
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